Música para exquisitos
Canciones para escuchar con atención en la vuelta de Fandermole y en la melodiosa voz de Ethel Koffman
(Por Osvaldo Bazán) No hacen hits. No enardecen las pasiones de la multitud. Es claro que no les interesa. Ethel Koffman y Jorge Fandermole demostraron, una vez más, que lo suyo es exquisito, íntimo y necesita de oyentes dispuestos a atrapar, en una hora y media, la melancolía de esta ciudad y sus poetas. Un tórrido viernes 13, a las 20, no es seguramente el mejor momento para una propuesta de este tipo, pero la refrigeración de la sala Spinassi del Centro Cultural permitió a los más de cien concurrentes un marco soportable.
Comenzó Ethel Koffman con una formación nada convencional para la música popular: Leonel Lúquez en piano y arreglos, Luis Giavón en oboe y María Jesús Olondriz en violoncello. Esta formación determina un lugar potente para la voz de la cantante, quien así pudo por fin revalorizar las letras de sus temas, no del todo claras en ocasiones anteriores: “No tengo otro bien que una canción/ y tengo siempre lo que falta” se le escuchó en el primer tema, con letra de Rafael Bielsa y música de Charly Pagura: toda una declaración de principios. El recital continuó con otros temas, “Enemigos naturales”, “Kabuki” y “Vidas imaginarias”, todos ellos de Carlos Cazaza, luego una sensible interpretación de “Ámbar violeta” –una canción de Fito Páez que pasó inadvertida, rodeada de la histeria de “Ciudad de pobres corazones”-y entonces fue el momento de los niños. La Kofman leyó un texto de Vacaflor sobre María Elena Wsals y se despachó con dos clásicos de los jardines de infantes, lejos del tono tiernamente histérico de tantas maestras jardineras como de la alegría brasileña de Xuxa. Su parte del recital culminó con “Lucen en la niebla” con Fandermole, en uno de los momentos más cálidos de la noche.
Fue entonces la hora de Jorge Fandermole, a quien se lo vio muy poco en los escenarios rosarinos en los últimos tiempos, absorbido por sus labores pedagógicas. Fandermole se presentó con Juan Tarabelli en teclados y Juancho Perone en percusión. De los temas nuevos presentados sobresalieron un marchoso “Pilotos del abismo” (dedicado a Adrián Abonizio), una súplica religiosa que implora “no nos perdonás más”, aún sin título y una animal “Lía, canción de amor de las bestias”, en donde Fandermole alcanza su mejor perfomance como poeta: “Quiero abrir tus huesos con besos de ciclón”. El español José María Cano compuso para Ana Belén un tema casualmente llamado “Lía” en donde, menos poéticamente dice: “Lía cigarrillos de cariño y sin papel, para que los fume dentro de tu piel”. ¿Qué les pasará a los músicos populares con las mujeres llamadas Lía?
No faltaron los temas conocidos como “Puerto Pirata”, “Lágrimas en la lluvia” o “Magia de piernas abiertas”. El nuevo material de Fandermole se empalmador su sencillez con al primera etapa de su carrera, tal cual él había adelantado en este diario.
Regalo
Si el recital terminó con Magia de piernas abiertas, qué tal si lo vemos en un viejo programa que tenía Graciela Mancuso, Zomm. El del teclado de atrás, Iván Taravelli.

