Mercedes Sosa. 19.2.92

Escrito por osvaldo el dia feb 19, 1992 en Notas Periodisticas, Rosario 12 Pagina 12 |

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Fiesta en el Monumento

Con la Mecha encendida

Más de 12 mil personas se dieron cita en el Monumento a la Bandera para escuchar a Mercedes Sosa. Una vez más la Negra volvió a demostrar que su garganta sigue siendo privilegiada. Llopis compartió los aplausos.

(Por Osvaldo Bazán) Dicen los que han pasado por ese trance que hay un momento sublime en el acto de la creación: cuando aparece esa palabra, esa nota, ese color que termina por plasmar en una obra de arte un sentimiento privado y lo convierte en objeto público. Es un momento muy íntimo un relámpago de lucidez, una extraña conjunción de genio y trabajo. Raras veces, los intérpretes consiguen arrancarles a las canciones, en el campo de la música popular, ese instante. Pueden cantar mejor o peor, más o menos afinado, pero llegar a ese momento del parto de la canción, es algo reservado para unos pocos: Edith Piaf, Ella Fitzgerald, Carlos Gardel, Joni Mitchell y pocos más.

El sábado pasado, en el Monumento Nacional a la Bandera, más de 12.000 personas pudieron oír el milagro de la garganta privilegiada de una mujer enorme de Tucumán. Ese momento íntimo de la creación fue mostrado y transmitido durante dos horas intensas. La picardía de Chico Buarque y Milton Nascimento haciendo “O qué será”, la desesperación de un tipo  al borde del Charly García “De mí”, la pregunta profunda del Peteco Carabajal de “La estrella azul”, la plegaria esperanzada de la Violeta Parra de “Gracias a la vida”, la mirada afectuosa de Leguizamón y Castilla para “Maturana”, los pininos de amor por el país de María Elena Walsh y Lito Vitale de “Vientos del sur”, aquella noche borrachera de Mores y Contursi que los llevó a “Cristal” y más, estuvieron ahí, la magia y el truco al alcance de cualquiera.

Fueron 24 canciones para el aplauso, ya que Mercedes Sosa no se privó de un solo geste para conseguirlo, comenzando por un yeite que viene repitiendo desde su vuelta al país en el ’83: al terminar la canción, cuando el público aplaude, arremete con el estribillo y el aplauso se estira. Lo hizo ocho veces el sábado, ante un público que estaba especialmente entregado, al punto de aplaudir al intendente, a los funcionarios, al técnico de luces, y hasta cuando la cantante anunció que se había perdido un chico. El funcionario más aplaudido fue Quique Llopez –nadie sabe cómo soportaba saco gris y polera celeste ante la canícula reinante- quien subió para cantar “Santafesino de veras” y se llenó el Monumento de biguaces bailoteadores. Es de esperar que no se entusiasmen los funcionarios con la repercusión del titular de Cultura, sería demasiado ver a Binner o a Lamberto en un pas de deux con Jorge Donn.

Otros invitados fueron Coqui Sosa –sobrino de la cantante-, Eduardo Mecozzi, Carlos del Pino y Liliana Herrero, quien protagonizó uno de los momentos más emotivos de la noche, con una versión no ensayada a capella de “Subo”. Quizás ahora sí, la Herrero sea invitada a algún recital porteño de la Sosa. Se lo merece.

El repertorio intentó –y pudo- conformar al heterogéneo público reunido en el Monumento, que iba dese chicos que coreaban María, María hasta señoras mayores que, lonita en mano, aplaudieron emocionadas el momento más kitsch, “Caruso” en mal italiano y con arreglos telenoveleros, arreglos que también arruinaron la versión de “Honrar la vida” de Eladia Blázquez. No faltaron los clásicos: “Al jardín de la república”, “El jangadero” entre otros, y hubo también lugar para ocho temas del último disco de Mercedes Sosa, de donde se destaca el increíble “Retrato” de Horacio salinas, que merece una audición más tranquila y profunda.

A pocos kilómetros, Pappo enseñaba rock & blues, a pocas cuadras Vilma Palma hacía lo suyo. Por suerte, esta ciudad cosmopolita, a todos cobija bajo su manto celeste y blanco.

La nota tal como fue publicada en Rosario/12

Regalo

En el ’92 pedía que alguna vez finalmente Mercedes Sosa invitase a Liliana Herrero a cantar en Buenos Aires. No pasó demasiado tiempo y eso sucedió. A  preparar los pañuelos. Mercedes y Liliana en el Rosedal.

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