Rosarinos en La Falda.
Entre el amor y el odio.
Baglietto recibió ovaciones, Pero Vilma Palma, quien comenzó mu bien, terminó con un pequeño escándalo.
(Por Osvaldo Bazán) “Renace el mito”, con este slogan no demasiado feliz, ya que a muchos faldeños les traía resonancias de peleas entre rockeros y gente tirada por las plazas, volvió a La Falda el mayor festival de rock que el interior haya podido realizar.
A pesar de las grandes ausencias –García, Páez y Soda Stéreo- en el escenario del Auditorio Municipal, 24 números entre solistas y grupos dejaron ver por dónde anda la música de los jóvenes de este país. Y por el incierto rumbo de los tomates: dos solitas y dos grupos recurrieron hits de Pescado Rabioso, Nito Mestre ganó aplausos con música de hace 20 años, el rock argentino se está mordiendo la cola y pronto Soldán podría presentar Grandes Valores del Rock y del Pop por Canal 9, tan transgresor últimamente.
La presencia rosarina en el festival estuvo marcada por Vilma Palma e Vampiros y por un hijo del encuentro, Juan Carlos Baglietto.
¿Fue profético Mario Luna –alma Mater de la Falda ’92- cuando poco antes de la medianoche del sábado anunció a los Vilma Palma diciendo que “A los rosarinos siempre les fue bien en La Falda y ésta no va a ser la excepción”? Parece que no, aunque la entrada de los Vilma no podía ser mejor: con los primeros acordes de “La Pachanga” gran parte del estadio -cerca de 5000 personas- coreó el tema. Después de la segunda canción, ya la actitud del soberano no era la misma. Comenzaron los silbidos, los pulgares hacia abajo, en romana demostración de repudio y el ambiente se fue caldeando. El público se dividió en dos: los que se entregaron a pachanguear y los que odiaron todo lo que venía del escenario. Tuvieron los rosarinos el cuestionable privilegio de ser los primeros receptores de un “tetrabricketazo” en vuelo rasante. “Fue una situación muy rara –comentó Jorge Rizzo, guitarrista, apenas terminada la actuación. Empezamos con una respuesta impresionante, pero se fue pinchando hasta el botellazo y nadie está preparado para botellazos, pero esto es asi, vos tenés que seguir tocando, para los que te aman y para los que te odian”.
Cierto es que Vilma Palma e Vampiros poco tenían que hacer en una noche en donde Patricia Sosa, Juan Carlos Baglietto y Luis Alberto Spinetta eran las gandes atracciones, con un público que venía de observar boquiabierto la primera presentación de Illya Kuriaki & The Valderramas y de agitar los brazos con un Nito Mestre cada vez más convertido en caricatura de sí mismo.
Por lo pronto, la prensa porteña no se enteró demasiado de lo que pasaba, porque –con honrosas excepciones- andaba, o bien por el casino local, o bien ingiriendo cerveza en los bares de los acreedores.
Algunas horas más tarde, Juan Carlos Baglietto hizo su presentación ecléctica, que incluyó desde “Mirta de regreso” –otro contrato, Soldán. Hasta algo de sus nuevos escarceos con el tango y el folklore. Un público entregado amó desde el principio al final al único intérprete argentino que este año saltó de una de las nueve lunas coscoínas hasta una de las tres de Mario Luna, convirtiéndose así una vez más en catalizador de la música del país. Su presentación más afinada que otras veces- contó con Eduardo Rogatti en guitarra, Marco Pusineri en batería, el Muerto Sainz en bajo, la vuelta del Pollo Raffo a los teclados y el agregado de Manuel Miranda en saxo y flauta. La noche continuó hasta el día con Spinetta, mientras fuera llovía y adentro también llovía.
Regalito
Encontré, de esa noche, no la actuación de Baglietto ni la de Vilma Palma, sino la de Illya Kuriaki. La Falda. Febrero 1992.
Regalito


