Crítica. ****
Políticamente Incorrecta.
(Por Osvaldo Bazán)
Ahora todos son “políticamente correctos”. Las buenas intenciones inundan la industria cultural, provocando películas obras de teatro “dramáticamente incorrectas”. Tanta bondad suele anular las potencialidades dramáticas de muchas historias, que primero sienten la necesidad militante de mostrar banderas de tolerancia y recién después desarrollan su mundo propio. Quizá sea simplemente que el mundo vive un momento un poco más hipócrita, ya que tanta bondad no parece haberse incrementado más que en la ficción. Bajo estas condiciones, hasta los mejores dramaturgos se ven limitados para dejar correr la imaginación por algunos costados que no siempre son “políticamente correctos”, aunque sean dramáticamente necesarios. Por suerte, todavía quedan los clásico Y “Mi bella dama” es un clásico.
Así, el profesor Henry Higgins (Víctor Laplace) no se siente obligado a reprimir el “rata de cloaca” con el que increpa a la florista Eliza Doolittle (Paola Krum). Y la historia lo agradece. Es increíble que el Sr. Higgins después de tanto inglés desprecio de clase –se ríe de los pobres sólo porque lo son, iguala cultura con dinero con una superficialidad rayana en la tontería pueda resultar amable a los ojos de los espectadores. Para que eso ocurra, hay varios factores. La solidez de la idea original no es uno de los menores.
La vieja historia del maestro enamorado de su obra (aquél Pigmalión del mito griego, escultor enamorado de la estatua Galatea que cobra vida gracias a Venus, situación retomada después por George Bernard Shaw) es contada aquí como si fuera la primera vez. El espectador del 2000 debe apelar a toda la inocencia que le quede para disfrutar del cuentito. Esta puesta de Mick Gordon, respetuosa de las formas clásicas, lo consigue. Le alcanza para ello con vestirse, amable y cálida, con algunas de las mejores canciones del género, confiar ciegamente en un grupo de buenos intérpretes y apoyarse en una generosa producción.
Tributaria de una época en la que Disney aún no hacía comedias musicales, la obra habla de conflictos de seres humanos y presenta buenos momentos de actuación en donde Paola Krum mejora sus perfomances anteriores (“Drácula”, “Puck”), en especial en la primera parte, como una florista de buena voluntad y escasa educación. El cambio que su personaje va sufriendo a medida que avanza la historia se hace patente, y en su primera presentación en sociedad, en el hipódromo de Ascott, consigue hacer reír a toda la platea. Lo mismo ocurre tanto con Aída Luz (Sra. Higgins) como con Alicia Mouxat (Sra. Pierce), excelentes ambas en la réplica rápida de comedia. A Víctor Laplace se lo ve cómo en su papel de l profesor presumido y desalmado. Actúa, canta y baila con la eficacia que ya demostró en anterioridades oportunidades. Pero sin dudas las palmas se las lleva Pepe Soriano, absolutamente entregado a la personalidad de Alfred Doolitle, un borracho querible que tiene a su cargo dos de los números más simpáticos de espectáculos: el de su presentación, con otros dos borrachos y el del día de su casamiento, que onsigue del público una ovación. Manuel Tenuta, en cambio, no encuentra ni la picardía ni la alcurnia que su papel de Coroonel Pickering le exige.
La música está compuesta por un puñado de clásicos inolvidables y al estar interpretada en vivo por la agrupación dirigida por Ángel Mahler, no pierde nada de su espontaneidad. Es cierto que la coreografía es demasiado convencional y pese a algunas audacias, como el número “tangueado” entre Eliza y exprofesor, casi nada de lo realizado por el coreógrafo Michael King peca de original. La escenografía funcional de Dick Bird y el vestuario de Mini Zuccheri también apuntan esta idea de regodearse en lo clásico, pero agregan una belleza de la que la coreografía –en general- carece.
En la marea de comedias musicales que se desparrama por la ciudad, “Mi bella dama” es el gusto por lo clásico, lo probado. Que en estas circunstancias suena increíblemente arriesgado, por la apuesta económica y por salir a decir que a veces, siendo “políticamente incorrecto” también
Bijáin de sin
Si no me equivoco, es la única vez que hice crítica en Noticias. Ernesto Schóo no podía ir y me tocó. Teniendo en cuenta que el espacio habitualmente era de él, la responsabilidad no era menor. Por suerte, tengo entendido que le gustó (es raro, lo escribí pensando en él, tenía casi un solo lector en la cabeza).

