NEUSTADT VS. TV.
EL DÍA EN QUE A BERNARDO LO DEJARON SOLO. 9/12/00
Es raro, pero tiene su lógica. Por un lado, a Bernardo Neustadt (75) no le gusta que algunos jóvenes piensen en irse del país. Tampoco le gusta que alguna gente mire por televisión programas que él considera “basura”. Por otro, según aseguran quienes lo conocen bien, no soporta que su programa “Al estilo…” de la señal P&E del cable ni siquiera figura en medición alguna. Nadie lo recuerda, sin rating, su poder se diluye y, para colmo, su ex compañero y actual enemigo número uno, Mariano Grondona (67) sigue vigente y da señales de revitalización.
Todo junto dio como resultado una de las convocatorias más extrañas de los últimos tiempos. Bernardo Neustadt citó el lunes 4 a sus seguidores al Luna Park: “Una cruzada de brazos cruzados no sirve. Contra la impunidad, la TV basura y para que los hicos no crean que la única salida es Ezeiza”. Raro mix que no resultó muy convocante. Si bien los organizadores hablaron de tres mil asistentes, la cifra real fue mucho menor: con suerte se contaban 700 personas. Ninguna de ellas estaba imbuida de algo parecido a la pasión. Lejos de lo que consiguió el periodista cuando hace diez años hizo suya la causa menemista y convocó a la “Plaza del sí”. Entre los asistentes, señoras de clase media alta y señores salidos de la city eran absoluta mayoría. No, Doña Rosa no apareció. Quizás haya estado mirando TV basura. Los que sí estaban eran los integrantes de la Fundación del Mañana, baluarte del movimiento (ver recuadro).
Nadie sabe si los últimos diez años, preñados de Zulemas, Emires, Ibrahims y Amiras convirtieron a Neustadt en un ferviente musulmán. Lo que sí es claro es que, como Mahoma, resolvió acercarse a la montaña. Ya que el público no va a él, decidió ir él hacia el público. Por eso casi podría decirse que armó su programa sin intermediarios y metió sobre el escenario del Luna una mesa larga y varios panelistas. O sea, su programa por otros medios. Lo acompañó Carolina Perín en la conducción. Todos tuvieron sus cinco minutos de gloria sumando puntos contra la impunidad, la salida de Ezeiza y la “TV basura” sin embargo, el panel no se destacó por su agudeza. “Hay que luchar para que nuestros hijos no imaginen que Ezeiza es la única salida posible”, dijo Javier Castrilli. “Hay que ponerle límite y coto a esta falsa tolerancia”, dijo Jaime Barylko (59). “Soy gallego pero no idiota”, dijo el profesor de ética periodística Carlos Álvarez Teijeiro. “No miro televisión, dedico el tiempo a estar con mis chicos”, dijo Paola del Bosco, profesora de filosofía. “Cuando yo era chico, en mi barrio nadie salía a comer afuera. Las veces que mi vieja no quería cocinar, se jodía y cocinaba igual ¿Se quieren ir del país? Que se vayan”, dijo Juan Carlos de Pablo (56), economista. “Quienes se quieran ir, que sepan que es muy duro dejar la familia, los amigos, los recuerdos”, dijo Mauricio Macri (42), presidente de Boca Jr. Sin duda, la presencia más extraña fue la arquitecta Marcela Camblor, directora de urbanismo de La Florida (Estados Unidos). “A vos no te fue nada mal, rubia”, podría haber dicho Raúl Alfonsín (73), de haber estado. Eso sí, la arquitecta contó su experiencia post-Ezeiza sin demasiadas culpas. Daban ganas de irse a Miami. Quizás podría arreglarse salir desde Aeroparque, para no ofender.
Sin aplausos demasiado efusivos, pasaron el Coro de la Biblioteca Nacional Cantoría Lugano y Lucila Gandolfo. Entre el público, Álvaro Alsogaray (87), Martín Balza (66), Carlos Bilardo (62) y el comodoro Güiraldes fueron las únicas caras conocidas. También estuvo César Isella, quien después de cantar “Canción de las simples cosas” dijo: “Adhiero profundamente a este acto”. Nada contó sobre sus andanzas en Miami con Emilio Estefan (38), empeñado en sacarle el poncho a la cantante Soledad (21) y convertirla en una estrella latina for export. Seguro, también consiguió salir vía Aeroparque.
El único momento en donde el tono anodino de la convocatoria se quebró fue cuando Neustadt presentó un video de la TV basura. E esa altura, el acto estaba irremediablemente teñido de un aburrimiento mortal. Apareció, claro, el desnudo de Graciela Alfano (47) en lo de Chiche Gelblung (56), los strippers de “Versus”, fragmentos de “Memoria”, “Todos al diván”, “Rumores”, “Chiquititas”, “Susana Giménez” y “Verano del ‘98”. También incluyó imágenes de los programas de Mauro Viale (53) y Moreno Ocampo (47), ambos del año ’96 porque, como se sabe, la basura no tiene fecha de vencimiento. A tono con el anacronismo imperante, el público pidió, al grito de “¡Finíshela!”, la interrupción de las imágenes. Los nenitos que habían ido llevados por sus padres despertaron de su siesta con los alegres pechos de la Alfano. No le alcanzó la noche a Bernardo para pedir perdón. “Vuelvo a pedir perdón, a este video no lo había visto, no soy responsable”, dijo el responsable de la convocatoria.
Sin menciones en los diarios –la magnitud del acontecimiento no lo ameritó- el acto no hubiera pasado de un simple capricho crepuscular de no haber sido porque, al finalizar, hubo una comunicación en directo con el programa “Paf!” de Jorge Rial. Allí, la periodista Marcela Coronel le comentó a Neustadt: “Usted habla de televisión basura, pero estuvo con los militares que hicieron basura”. “Usted no está a mi altura para discutir” dijo el periodista anti-basura, largó los auriculares y abandonó la cámara.
Entonces Rial, ofendido, lanzó un debate sobre la TV basura. Y usó un arma letal: el archivo. De allí desempolvó una entrevista de Neustadt a Leopoldo Galtieri (74). En realidad, casi un comunicado oficial en donde el periodista da pie para que el entonces teniente general se explaye. “Esa frase de las urnas están bien guardadas, es un hallazgo literario”, festeja Neustadt. Y remata: “General, yo no veo en la sociedad un reclamo por las urnas”. Galtieri sonreía.
Bijáind de sín Bernardo hizo un encuentro “contra la impunidad, la tv basura y los que eligen Ezeiza”. Fue un fracaso. Noticias me mandó a contar qué pasaba. Fui y lo conté. Por supuesto apenas Bernardo leyó la nota, llamó a Fontevechia pidiendo la cabeza del que había osado escribir así sobre su acto crepuscular. Me llamaron a una reunión y Jorge Fernández Díaz, director de la revista en ese momento me preguntó: “¿Che, es cierto que había nada más 700 personas?¿Cómo lo sabés? Porque Neustadt dijo que había más de 3000″. Entonces le conté que si algo había hecho en el periodismo era saber cuánta gente cabe en cada estadio, teatro, cancha o sala. Que había hablado -como había hecho- con los acomodadores y me confirmaron la cifra. 700. Se dio por cerrado el caso y debo decir, no sufrí ninguna reprimenda a pesar de las buenas relaciones de Bernardo con Perfil, al menos en ese momento. Otro que se enojó, y creo que escribió una carta o algo así, fue el profesor español que había dicho “soy gallego pero no soy estúpido”. Escribió algo en un blog también, pero bueno, se le pasó. Estuvo divertido.Regalito: en youtube no encontré el diálogo Neustadt/Galtieri, sólo un extracto dentro de un informe de TVR. Acá va, para recordar al tipo que moldeó el pensamiento político televisivo por años. Y bien muerto está.



En ese acto no estuvo Alvaro Alsogaray sino su hija María Julia. Tampoco estuvo Mauricio Macri, al menos como expositor. Sí estaban como expositores unos cuantos desconocidos de doble apellido, el economista Juan Carlos de Pablo, Javier Castrilli (admirador de Neustadt hasta que se hizo kirchneridsta y ahora antikirchnerista y aliado de Das Neves). Neustadt se debe haber dado cuenta años más tarde de que realmente la única salida era y sigue siendo Ezeiza. Y de acuerdo a su pensamiento, Neustadt decía mucho de lo que hoy contiene la Ley de Medios, porque estaba en contra de los monopolios. Es notable cómo cambio Javier Castrilli, admirador de Videla, luego de Neustadt, más tarde seguidor de Beliz. Lo echan a Beliz y se vuelca al kirchnerismo donde fracasa como Director de Seguridad Deportiva. Se va a Pinamar donde también fracasó. Hoy es partidario de Das Neves y despotrica contra el kirchnerismo apoyado por un sector llamado Mundo Peronista. Pero en política, de personajes como Castrilli, está lleno y la ciudadanía pierde la memoria.