Habla del desprecio de Hollywood, el cacerolazo que nadie quiso escuchar y el error de irse del país.
Por Osvaldo Bazán.
Estaba al lado de Jon Voigt (63) y se acordó de “Perdidos en la noche”. Era la primera vez que Ricardo Darín (45) paseaba por la “red carpet” de los Oscras. “Ahí se produce la desnaturalización de la especie humana, se matan por estar en esa alfombra roja en donde está la masa de cámaras y se hacen los boludos; es una es una pésima acuación y hacen como que caminan despacio y en realidad están esperando que los agarren del hombro para volver. Parece que cuando más estás en la red carpet, más carpa tenés, no sé”, dice ahora, riéndose de su brote de cholulismo. Y tenía a 30 centímetros a su derecha a Jon Voigt y a 30 centímetros a su izquierda a Denzel Washington (47). A los americanos los entrevistaba el mundo. A Darín le había puesto un humilde micrófono la televisión chilena. Voigt lo miraba preguntándose cómo se habría colado. Al finalizar las enrevistas Darín se quiso dar un gusto: le extendió la mano a Voigt, le dijo de su admiración y todo eso. Voigt lo miró a la cara, depués le miró la mano y siguió de largo. “Mirá Jon, cómo me cagaste” suelta y se ríe.
HOLLYWOOD NUNCA APRENDERÁ. El actor tardó en decidirse a ir a la famosa fiesta. No le cerraba la ecuación: “país en llamas” por un lado, “Darín con moño así de grande”, por el otro. Finalmente viajó porque una señora en la calle le dijo: “Andá, nos hacés quedar bien”. El “nos” se refiere a los habitantes de un país que soñaba y ahora tiene pesadillas y en el que “El hijo de la novia” sirvió como ejemplo de algo que puede funcionar, aún aquí, aún así. Una y otra vez, la Argentina vuelve a la charla que iba a ser sobre su próximo filme pero “si hablábamos de la peli, igual íbamos a terminar hablando del país”, confiesa Darín. Se apasiona: “¡Creímos cada verso! Era imposible que un peso fuera un dólar. ¿En base a qué? Nos tragamos todas las píldoras. Nuestro infantilismo colectivo sólo se puede entender en el contexto de un proceso de ausencia de cultura que ya lleva años. Todo fue tan obvio que lo único que no podemos decir es: “ah, no me había dado cuenta”.
Este actor argentino, el que más películas filma, habla desde la clase media, aquella que, según él, si hubiera llenado la Plaza de Mayo ante el primer desaparecido, hubiera hecho imposible que la dictadura matara a 30.000 personas. Las contradiciones de esa clase son su menú preferido: “Me criaron vanagloriándose de que acá no había problemas raciales….¿cómo que no hay problemas raciales? Primero mataron a los indios, después a los negros y ahora nos matamos entre nostoros. Pero a pesar de eso nunca escuché que tuviéramos problemas raciales. Entonces me educaron mal. No hicieron otra cosa más que mentirme”. Como si de una comedia de enredos se tratase, entra en la habitación del hotel donde se realiza la entrevista, un mayordomo negro altísimo con una fuente de frutas (sic). Darín interrumpe la entrevista para hacerse fotogafiar con el mayordomo, que resultó africano y terminó invitando al actor a pasar una temporada en su Senegal natal. Declinó la invitacion. Al menos por ahora. No tiene pensado irse del país. “Puedo irme a trabajar, nada más. Pero creer que lo que nos está pasando en términos económicos -más allá de ciertas locuras que son inadmisibles en cualquier parte del mundo- pasa sólo acá, es una tremenda equivocación. Vivir hoy en el mundo es difícil, incluso donde se vive bárbaro. Se vive bárbaro si tenés laburo. Acá está más difícil que en ciertos lugare y menos que en otros. Se puede ir mucho más abajo, todavía. Tenemos cosas muy valiosas, sé cómo nos consideran afuera, eso te reubica. La realidad nos tiene tan mal acostumbrados que somos unos pilotos de tormenta impresionantes. Hay mucha gente talentosa, inteligente, abierta , a lo mejor no han tenido el acceso a los lugares a los que necesitamos que tengan, para que la vida sea de otra manera. Hay mucha gente decente que quiere trabajar y hacer las cosas bien, y que no odia a sus semejantes y no es mezquina. Conozco mucha, pero mucha. Entiendo el motivo de los que se van, tienen derecho a buscar oportunidad que acá no encuentran. Pero allá es igual, y encima, sos extranjero. Además, España debería rever su política de extranjería. Acá los españoles fueron recibidos sin pruritos cuando estaban mal. No están respondiendo de la misma manera”.
POLÍTICOS, NO. No quiere hablar e Duhalde, de Alfonsín, de De la Rúa o de Menem, aunque es bastante obvio que ninguno de los cuatro le cae bien: “Ese es el error, creer que la cosa pasa por un tipo. La cosa pasa por nosotros. Somos nosotros y nuesta herramienta son los votos. No es pcoo, tenemos que tener más ejercicio democrático. El primer caerolazo que no se escuchó fueron los votos en blanco. Miraron para otro lado, lo consideraron una cuestión estadística. Por eso hubo que cacerolear. Los escraches me parecen democráticos a pesar de que se corre el riesgo de generalizar. No podemos olvidar que no tenemos una clase política que nos hayan obsequiado amablemente los húngaros, que embarcaron a todos en un portaaviones cedido por Polonia y desembarcaron acá en el puerto de Quequén y los fuimos distribuyendo a piacere en el resto de la república. Salieron de nosotros mismos, ese es el problema, si no podríamos intentar algo con la embajada de Hungría y devolverlos. Por ahora en la embajada de Hungría no hicieron declaraciones.


