La dictadura según Telefé
Costumbre bien Argentina
(Por Osvaldo Bazán)
Es noche. Es 1980 y por la calle avanza, con la contundencia de las malas noticias, un Falcon, obviamente verde, obviamente atemorizador. No hay ruidos en la calle, las ventanas están cerradas y nadie tiene ganas de ver nada. Sólo camina por ahí Victoria, con su pesada carga de ausencia. Victoria y su novio fueron secuestrados en 1977. A ella la soltaron. A él no. Ella se fue al sur y ahora, tres años después, volvió a Buenos Aires sin saber bien por qué, para qué. Victoria ve el Falcon. Es más que lo que cualquiera podría soportar en esa situación. Paranoia y soledad, cantaba Serú Girán en el momento justo. Victoria apura el paso. El Falcon, claramente, la sigue. El conductor, un pelado con cara de asesino, no se apura. Se sabe dueño del tiempo y la vida de los demás. Victoria, aterrada, apura el paso, entra en la primera puerta que ve abierta. Es la el bar de su primo Gustavo. Adentro, una fiesta con canciones de los Bee Gees y bola de espejos. “Hay un Falcon, es verde, lo maneja un tipo raro”, dice. Su primo, quien no parece vivir en esa Argentina, la ¿tranquiliza?: “No es nada, ya se me va a ocurrir algo”, dice y la invita a pasar. Los chicos bailan, ahora apretados. Suena Woman in Love, Barbra Streissand y Barry Gibb coronando el sueño de un asalto ideal. El asesino del Falcon entra al bar. Agarra al más pusilánime de la fiesta, al que usa anteojos, al traga que balbucea frente a las chicas y es el mejor del conservatorio, donde hace música clásica. El del Falcon saca al pibe. Lo empuja, lo arrastra, lo sube al Falcon (al Falcon verde, no a un Torino rojo, a un 600 amarillo: a un Falcon verde). Le da una cachetada. El pibe llora. Está humillado. Desde la puerta del bar, Sandrita –enamorada de él- y su hermano Rafael lo miran. Lo compadecen: es difícil tener un padre como el de Claudio.
Porque era el padre. Era nada más que el padre, enojado porque su hijo se fue a un baile sin permiso, escapándose de las rígidas reglas familiares. En Costumbres argentinas, la tira que produce Ideas del Sur, empresa de Marcelo Tinelli para el central horario de las 21 en Telefé, hubo un simulacro de secuestro, sólo para complacer un capricho de la trama. Después, nada, pasamos a otro tema. Los ’80, según Telefé, son una seguidilla interminable de camisas de colores, discos long plays y trencitas de Bo Derek.
Ahí, al alcance de la mano están las historias más duras. Alguna vez, el obispo De Nevares dijo: “Si alguien quiere hacer una película con las historias humanas ocurridas durante la dictadura, va a tener un problema. Son tan crudas, fueron tan crueles, que va a ser difícil que la gente quiera creerlas”. Pobre De Nevares. No contaba con la televisión y su maravilloso poder de banalizacion.
¿Por qué el golpe bajo de usar un Falcon verde? ¿Cambiaba mucho la escena si ponían un Fiat 1500 negro? ¿Por qué asociar un detalle menor del guión con lo más nefasto de la historia?
Es cierto Costumbres Argentinas no se propone como un estudio de la clase media en el final de la dictadura. No tiene por qué cargar con ese fardo. Pero si se conforma con ser una telecomedia amable, debería cuidar las formas y abstenerse de hablar de aquello que no puede, no quiere o no sabe hablar.
En los conflictos shakesperianos de los Pagliaro y los Rosetti no entra, no aparece, no se sugiere, que ambas familias, como el país entero, vivían en una dictadura. Nada, típicos exponentes de una clase media que no vio lo que no quiso ver.
Seguramente, en los primeros ’80, los Pagliaro y los Rosetti habrán dicho: “Algo habrán hecho” y habrán mandado las tarjetas contra la campaña antiargentina de la revista Para ti. Pero eso acá no ocurre. Los Pagliaro y los Rosetti son inoxidables frente a la dictadura. No les tocó, porque en la versión Telefé de los ’80, la dictadura era algo que cualquiera podía obviar.
Bijáin de sin
Lo que me acuerdo de esto es que cuando vi la escena en Telefé me indigné. Lo comenté en la revista y me dejaron escribirlo. Al mismo tiempo, ya estaba en el programa de Georgina, donde me tocaba dar “una rosa negra” a lo peor de la tele. Lo hice ahí también y era raro, desde Canal 13 criticar a Telefé. Me parece que no les gustó. La sección no siguió mucho tiempo más.

