Ibope. Rating. 17/4/2003

Escrito por osvaldo el dia abr 17, 2003 en Notas Periodisticas, Veintitres |

Etiquetas: , ,

 

Veintitrés. N° 249. 17 de abril de 2003

El escándalo Ibope

La vida sin rating

Había una sola empresa encarada de medir la audiencia de los programas de televisión. Después de denuncias y escándalos, su método (810 aparatitos para cuantificar todo el universo televisivo) fue descalificado. ¿Sin el dios del rating es posible hacer una mejor televisión? Lo imagina Osvaldo Bazán, periodista y, ante todo, televidente apasionado.

 
 

Veintitrés. Abril 2003. Pág. 1 Rating

(Por Osvaldo Bazán)

Se le iluminó el rostro. En un segundo cambió, fue otro tipo, más joven, más vivo. Colgó el teléfono, miró a todos los presentes y gritó: “¡No hay más rating!”. Era la primera vez en años que sus compañeros de trabajo veían al productor de tele con apariencia humana, sin los ojos rojos, el gesto exasperante y el rostro apesadumbrado: Era un hombre libre. Ocurrió el lunes 14, cuando la noticia llegó a todas las producciones televisivas: la Cámara de Control de Medición de Audiencias (CCMA, entidad creada en 1996 en donde están los canales privados de Buenos Aires, la Cámara de Anunciantes, la Asociación de Agencias de Publicidad, la Asociación de Productoras Independientes de TV, la Asociación de Telerradiodisfusoras y el Bureau de Publicidad e Cable e Internet} había decidido  retirarle, la homologación que en 1999 le había dado a Ibope, empresa brasileña, la única que mide el rating en la Argentina.

La medida se tomó “en virtud de la pérdida de confidencialidad, al ser divulgado parte del panel de hogares de la muestra” que utiliza la empresa. Lo grave de que esa lista se haya hecho pública es que alentó las sospechas de que muchas de aquellas familias 

utilizadas para la medición recibieron regalos de algún canal para que dejen un televisor encendido en esa emisora, mientras en otro televisor –regalado- mirasen lo que quisieran. A partir del lunes no hay nadie que pueda decir seriamente cuánta gente mira cada programa.

Uno de los primeros resultados prácticos que debería tener la medida es que a partir de ahora gocemos de una mejor televisión. Al menos hasta que el mercado –en su hegemónica modalidad rating- vuelva  a entrar en los contenidos. Es en nombre del rating que la televisión comete sus peores pecados. Y el rating es eso, la predisposición del mercado por comprar un producto. La discusión sobre los números ha suplido totalmente cualquier debate sobre contenidos, que ya los productores y en general quienes hacen la tele no están en condiciones de dar. ¿Quién discute hoy contenidos de televisión? Lo único que interesa es si lo que se pone en pantalla “rinde” o “no rinde”. Las cualidades de un programa sólo se miden en relación con su rating. Impresiona a las pocas voces críticas que quedan dentro del medio el análisis minucioso y generalmente errado que quieres conciben la televisión hacen de las planillas que llegan a los canales a media mañana. “Mirá, bajamos tres décimas cuando habló el médico. No lo inviten más”, barruntan. Dan por sentado que el público estará sentado con la vista fija en la pantalla, con el control presto a eliminar al innombrable médico cada vez que aparezca. “Mirá, a las y cuarto en el otro canal la esposa de Velazco estaba escupiendo al marido y subieron medio punto. Traela que venga a escupir acá”, ordenan. Dan por sentado que el público, control en mano, buscará a la escupidora canal por canal. Los programas se hacen con las planillas de ratings de todos los programas anteriores en la mano. “Funciona Zamora, dejó de funcionar Samora, ahora funciona López Murphy. Lavagna no funciona, que no venga”, la televisión se mira en las planillas todo el tiempo. Así, nuevos actores sociales, artísticos y políticos sólo aparecerán por fuerza del milagro. Es lo que Pierre Bordieu llama “la circulación circular de la información”. Sólo se ve aquello que ya se vio. Sólo se piensa aquello que ya se pensé. Y en el colmo de la hipocresía, los canales siguen defendiéndose: “Le damos al público lo que el público quiere”. Entre caca y mierda, el público suele elegir mierda con una determinación maravillosa. Y ahí están los canales, dándole al público lo que el público pide. Nunca fue tan mentirosa la frase. Hoy, Telefé y Canal 13 mantienen una lucha encarnizada por el rating con el público como rehén. Los ejemplos de estos primeros tres meses del año hablan por sí mismos. Canal 13 no ganaba el rating total del día porque su transmisión terminaba a las 2 de la mañana debido a la película de trasnoche, mientras Telefé a las 12 cerraba la transmisión. Así, esas dos horas finales, con poco encendido, bajaban el promedio general. Fueron rápidos en el 13: sacaron la película y listo. Consiguieron lo que querían: ganan el rating diario. Eso sí, los trasnochadores que querían películas se quedan sin verlas. ¿Le dan al público lo que el público quiere? Telefé prometió dar de lunes a viernes a las 22, la novela Resistiré. Cuando Canal 13 decidió no dar los viernes su propia novela, Soy Gitano, Telefé resolvió lo mismo. No habría resistiré los viernes. Pero cuando el 13 decidió reponerla, Telefé hizo lo mismo. El lunes pasado el 13 comenzó una tira semanal, Durmiendo con mi jefe, a las 22. Entonces Telefé decidió levantar su programación desde las 21. Los espectadores de Costumbres Argentinas y de Resistiré se quedaron con las ganas. El canal dio Matrix, un estreno fuerte que tenían reservado no para alegría de sus televidentes, sino para reventar al 13. Les funcionó mal: fue justo el día en que las mediciones se convertían en inservibles. Los ejemplos siguen: el 13 venía flojo en rating los fines de semana.  ¿Qué hicieron para darle al público lo que el público quiere? Pusieron la novela El Clon (a la que ya cambiaron tres veces de horario) ¡también sábados y domingos! El público, rehén inmovilizado, debe verla el fin de semana.

Son ochocientos diez hogares los que  tienen el artefacto de medición. Y esos ochocientos diez sirven como muestra para 36 millones de argentinos. O sea, ochocientos diez televisores son 100 puntos de rating. Cuatrocientos cinco, 50 puntos. Doscientos dos y medio, 25 puntos. Cien, 12.5 puntos de rating. Cincuenta televisores de los de la muestra sintonizados en un canal, 6.25 puntos. Veinticinco, 3.13. Y por mucho menos de tres puntos de rating, un programa se levanta o sigue. Veinticinco familias tienen en su casa, con su control remoto, la posibilidad laboral de cientos de personas, establecen qué mirarán millones de argentinos y digitan el número que maneja un mercado de 200 millones de pesos. Y encima reciben regalos que determinan su elección. Así son las estadísticas ¿Cómo no van a esta 

utilizadas para la medición recibieron regalos de algún canal para que dejen un televisor encendido en esa emisora, mientras en otro televisor –regalado- mirasen lo que quisieran. A partir del lunes no hay nadie que pueda decir seriamente cuánta gente mira cada programa.

Uno de los primeros resultados prácticos que debería tener la medida es que a partir de ahora gocemos de una mejor televisión. Al menos hasta que el mercado –en su hegemónica modalidad rating- vuelva  a entrar en los contenidos. Es en nombre del rating que la televisión comete sus peores pecados. Y el rating es eso, la predisposición del mercado por comprar un producto. La discusión sobre los números ha suplido totalmente cualquier debate sobre contenidos, que ya los productores y en general quienes hacen la tele no están en condiciones de dar. ¿Quién discute hoy contenidos de televisión? Lo único que interesa es si lo que se pone en pantalla “rinde” o “no rinde”. Las cualidades de un programa sólo se miden en relación con su rating. Impresiona a las pocas voces críticas que quedan dentro del medio el análisis minucioso y generalmente errado que quieres conciben la televisión hacen de las planillas que llegan a los canales a media mañana. “Mirá, bajamos tres décimas cuando habló el médico. No lo inviten más”, barruntan. Dan por sentado que el público estará sentado con la vista fija en la pantalla, con el control presto a eliminar al innombrable médico cada vez que aparezca. “Mirá, a las y cuarto en el otro canal la esposa de Velazco estaba escupiendo al marido y subieron medio punto. Traela que venga a escupir acá”, ordenan. Dan por sentado que el público, control en mano, buscará a la escupidora canal por canal. Los programas se hacen con las planillas de ratings de todos los programas anteriores en la mano. “Funciona Zamora, dejó de funcionar Samora, ahora funciona López Murphy. Lavagna no funciona, que no venga”, la televisión se mira en las planillas todo el tiempo. Así, nuevos actores sociales, artísticos y políticos sólo aparecerán por fuerza del milagro. Es lo que Pierre Bordieu llama “la circulación circular de la información”. Sólo se ve aquello que ya se vio. Sólo se piensa aquello que ya se pensé. Y en el colmo de la hipocresía, los canales siguen defendiéndose: “Le damos al público lo que el público quiere”. Entre caca y mierda, el público suele elegir mierda con una determinación maravillosa. Y ahí están los canales, dándole al público lo que el público pide. Nunca fue tan mentirosa la frase. Hoy, Telefé y Canal 13 mantienen una lucha encarnizada por el rating con el público como rehén. Los ejemplos de estos primeros tres meses del año hablan por sí mismos. Canal 13 no ganaba el rating total del día porque su transmisión terminaba a las 2 de la mañana debido a la película de trasnoche, mientras Telefé a las 12 cerraba la transmisión. Así, esas dos horas finales, con poco encendido, bajaban el promedio general. Fueron rápidos en el 13: sacaron la película y listo. Consiguieron lo que querían: ganan el rating diario. Eso sí, los trasnochadores que querían películas se quedan sin verlas. ¿Le dan al público lo que el público quiere? Telefé prometió dar de lunes a viernes a las 22, la novela Resistiré. Cuando Canal 13 decidió no dar los viernes su propia novela, Soy Gitano, Telefé resolvió lo mismo. No habría resistiré los viernes. Pero cuando el 13 decidió reponerla, Telefé hizo lo mismo. El lunes pasado el 13 comenzó una tira semanal, Durmiendo con mi jefe, a las 22. Entonces Telefé decidió levantar su programación desde las 21. Los espectadores de Costumbres Argentinas y de Resistiré se quedaron con las ganas. El canal dio Matrix, un estreno fuerte que tenían reservado no para alegría de sus televidentes, sino para reventar al 13. Les funcionó mal: fue justo el día en que las mediciones se convertían en inservibles. Los ejemplos siguen: el 13 venía flojo en rating los fines de semana.  ¿Qué hicieron para darle al público lo que el público quiere? Pusieron la novela El Clon (a la que ya cambiaron tres veces de horario) ¡también sábados y domingos! El público, rehén inmovilizado, debe verla el fin de semana.

Son ochocientos diez hogares los que  tienen el artefacto de medición. Y esos ochocientos diez sirven como muestra para 36 millones de argentinos. O sea, ochocientos diez televisores son 100 puntos de rating. Cuatrocientos cinco, 50 puntos. Doscientos dos y medio, 25 puntos. Cien, 12.5 puntos de rating. Cincuenta televisores de los de la muestra sintonizados en un canal, 6.25 puntos. Veinticinco, 3.13. Y por mucho menos de tres puntos de rating, un programa se levanta o sigue. Veinticinco familias tienen en su casa, con su control remoto, la posibilidad laboral de cientos de personas, establecen qué mirarán millones de argentinos y digitan el número que maneja un mercado de 200 millones de pesos. Y encima reciben regalos que determinan su elección. Así son las estadísticas ¿Cómo no van a estar todos locos?

Veintitrés. Abril 2003. Pág. 2 Ibope

Bijáin de sin

Cuando se  “discutió”  la ley de medios -que del rating que maneja el tema, ni habla- hubo todo tipo de acusaciones cruzadas. Por supuesto, también caí en la volteada. Escribía lo que escribía o decía lo que decía porque respondía a mis   “patrones” del grupo Clarín. ¡Qué divinos! Esta nota -en donde la corporación televisiva no queda bien parada- fue escrita a los dos meses de entrar a trabajar en Canal 13.  Listo. No tengo más que decir. Está escrita con lo que aprendí de la cocina televisiva en dos meses. Y me faltaba aprender mucho todavía. Lo que no entiendo es por qué terminé la nota con una pregunta retórica, lo que reduce la nota a una redacción escolar.  En fin, una patinada, la pregunta.

Comentar

Copyright © 2013 Osvaldo Bazan Todos los derechos reservados.
Desk Mess Mirrored v1.4.3.1 Diseño por WDStudio.com.ar.