Por Osvaldo Bazán
Lo primero fue revolear el bastón como un chico en uno de esos museos en donde se puede jugar con lo que se exhibe. Sólo faltó escucharle decir: “¡Faaaa, loco, mirá el bastón!”. Estaba instalando eso de “un hombre común con responsabilidades extraordinarias”, el slogan que acercaría su gobierno a la gente. Desle lejos, Cristina lo miraba, lo vigilaba, lo perseguía. Le decía cómo hacerlo. Así como él se mostraría de ahí en adelante como “uno más”, ella no sería “la primera dama”, sino “la primera ciudadana”.
No hay nada menos común que ser presidente de un país, es uno en millones, pero él insiste. Nada de riojanos que de la noche a la mañana crecen treinta centímetros, reciben avispas rejuvenecedoras, se aclaran el pelo y el color de los ojos. Este patagónico sigue siendo el mismo, dice de todas las maneras posibles. Por eso esos sacos inverosímiles, la pesadilla que tiene el buen gusto uando mira un noticiero. Esos mocasines marrones tan mocasines marrones. “Estoy haciendo un país serio y normal, la ropa me tiene absolutamente sin cuidado. La frivolidad no es lo mío” dice desde la ropa, todo el tiempo. Imposible pensar en una casualidad. Nadie puede ponerse esos trajes sin un objetivo. Es lo único que lo salva. No es una elección estética. Es política. Una pequeña sobreactuación, si hasta Lula se calzó trajes de bueno corte y nadie le exigiría el overol (podrían exigírsele también otras cosas, pero parece que con el overol se le fue también la fuerza. El overol fue a Lula lo que el pelo a Sansón).
Néstor habla fácil. Se le entiende, más allá del problema de dicción por el que no pudo entrar a estudiar para maestro (dice Cynthia Ottaviano en su libro recientemente editado Seretos de alcobas presidenciales que fue contándole ese íntimo fracaso como Néstor sensibilizó a Cristina y aí se explica para los fanáticos de las apariencias que una linda se enamore de alquien con capacidades visuales diferentes, dicho asi porque “bizco” ya no es políticamente correcto). Néstor habla cuando quiere y donde quiere. Y no quiere en lo de Grondona. Y no va. No rompe con Hadad, claro, basta con ver la enorme cantidad de publicidad estatal en el programa inmirable de Antonio Laje, ese en el que Laje quiere ser gracioso pero le sale menos que cuando hablaba de economía. Pero Néstor a lo de Grondona no va. Y hace chistes: “Voy a ir cuando sea independiente”. “Mariano dice que no hizo campaña para Menem”, acota Mirtha. Y Cristina, siempre rápida, agrega: “No se le notó”. Risitas. Néstor habla fácil y si alguien dijo “transversalidad” no ha sido él. Él se comunica a través de los noteros de CQC. Les roba el micrófono (y casi se lo escucha decir: “¡Faa, loco, mirá el micrófono!”, les guiña un ojo, los invita a la Casa Rosada. Y una vez en la Casa Rosada, como es un hombre común, cuando nombran a Menem toca madera sin patas (porque con patas encajona, lo sabe porque es un hombre común, aunque tenga ahora, bueno, el temita ese de las responsabilidades). Hay que reconocer que en campaña fue el que menos anduvo haciendo payasadas por los canales. Ese momento tan peligroso para los candidatos en donde por un segundo de pantalla pondrían en peligro todo su prestigio en el improbable caso de que tuvieran alguno. A Néstor no se lo vio con nariz de payaso. A De la Rúa sí, quiso jugar el juego de Menem y le salió tan mal que por suerte lo salvó el Oso Arturo. Néstor empezó a juguetear con la tele después de haber ganado. En el mismo momento en que le dieron esas responsabilidades: el bastón, la cámara que se le llevó por delante un presidente, etc.
Si le salió de casualidad, los publicistas deberían llamarlo y preguntarle cómo fue. Eso sí, esperen a que terminen esas responsabilidades tan fuera de lo común. En menos de siete meses ya todos sabemos que es un hombre común, que su matrimonio es un matrimonio común, con hijos comunes, que está ahí donde hace falta siempre -casualmente, ahí donde está es de lo que se habla. ¿Tiros en Villa Urquiza? Ahí está. ¿China Zorrilla gana un premio? Ahí está. ¿Acto en la AMIA? Ahí está. No es sólo ubicuidad. Donde está es de lo que se habla, porque está. Si estuviera en otro lado, se hablaría de ota cosa. Eso es el poder. En menos de siete meses ya todos sabemos (¡ya lo sabemos, basta!) que el Glaciar Perito Moreno es la octava maravilla del mundo y que ese montón de cubitos sucios es el albur que todo extranjero del mundo (cualquiera que no sea argentino) está desesperado por ver. A nosotros no nos hace falta porque ya lo aprendimos de memoria. Si hasta la lavandina Ayudín ahora es Glaciar. ¿Alguien puede creer que ese freezer con elefantiasis es la mejor postal nacional? Si ni río es. Pero ahí está Néstor, ahí está Cristina y a sacarse la foto que se cae un cacho de hielo, cosa que pasa cada cuatrocientos años o cada vez que vienen Néstor y Cristina. Como de una luna miel vip. Menos mal que a pareja presidencial no es de Los Cocos, porque llevar a la reina de España al laberinto de ligustrina sería un bajón.
Ella no es Cristina Kirchner. Ella es Cristina Fernández de Kirchner. Faltaba más. No como Chiche que es Duhalde y gracias y a veces ni eso, es Chiche nomás, un juguete en las manos de su marido, con esos peinaditos Inecto tan poco mujer común, esos trajecitos también impresentables hechos en “Maricarmen Prét a Porter” de Lomas, pero sin la gracia rebelde del hombre común que es Kirchner. Como Cristina, que primero es Frnández. No está invitada al casamiento García González pero le pegó en el palo. Es una mujer común, con pantalones comunes, y así apareció en el almuerzo de Mirtha, donde no había sido invitada y si no fuera porque Mirtha no hacía más que preguntarle a él, que era el invitado, ella habría hablado todo el programa. Porque ella es común pero con ambiciones. Y decía palabras como “cooptado”, que Néstor no dice. A Néstor sólo le faltaba decir: “¡Faaaaaa, loco, mirá Mirtha!”.
Ninguna decisión que tenga ver con la imagen de Néstor y Cristina parece salir de otro lado más que de Néstor y Cristina. Privilegian hablar con Mirtha antes que con Lanata y Grondona. No quieren fotos con Madonna. Sí con Miguel Ángel Estrella. O Sábato. Y Cristina tiene extensiones en el cabello, pero no habla de eso, que es un tema tan poco importante que uno no sabe para qué se las puso. Néstor no golpea la mesa para decir que es un presidente que golpea la mesa. Néstor se ríe de los que golpean la mesa. Los hombres comunes no golpean la mesa. Simplemente, se ríen de quienes lo hacen. Néstor se ríe en público. Nadie me saca de la cabeza que en privado, sí, golpea la mesa. Y dice: “¡Faaaa, loco, mirá la mesa!”. Y se repatinga en el sillón de Rivadavia, que para eso es un hombre común con respnsabilidades….bueno, eso.
“Hola, habla el presidente”
Néstor Kirchner tiene como costumbre -desde sus tiempos de gobernador de Santa Cruz- llamar a los periodistas y discutir sobre las notas que lo involucran. Lo mismo hacen sus principales ministros. “Los periodistas tienen derecho a escribir lo que quieran y yo tengo derecho a dar mi opinión”, suele decir el Presidente. Esto derivó en distintas acusaciones sobre presiones a periodistas y medios. También se le cuestionó al Gobierno digitar la lista de los periodistas que podían cubrir los viajes presidenciales. El momento de mayor tensión entre el gobierno de Kirchner y los medios se produjo cuando “alguien llamó desde la Casa Rosada” a las autoridades de América intentando frenar un informe que el programa Día D iba a emitir sobre la gestión de Juan González Gaviola en el Pami. El conductor del programa, Jorge Lanata, criticó las presiones y el informe salió al aire como estaba previsto.
Bijáin de sín
En diciembre de 2003 hacía ya varios meses que me había ido de Noticias, para participar como panelista del programa “Georgina y vos” de Canal 13, conducido por Georgina Barbarrosa, con la colaboración de Diego Pérez. Como panelistas compartí espacio con Adrián Santucho y Fernanda Iglesias (en su primera incursión televisiva). Desde Revista Veintitrés, en ese momento dirigida por Guillermo Alfieri, me llamaban habitualmente para que escribiera notas sobre casi cualquier cosa. Eran notas que iban en la sección “Miradas”; en general me pedían trabajos que tuvieran que ver con los medios de comunicación. Ante las primeras apariciones de Kirchner en los medios -en especial un recordado almuerzo en el Calafate, frente al Glaciar -almuerzo al que Cristina no había sido invitada pero acudió igual- me pidieron que escribiera mis impresiones. En un plano más íntimo, no me gustaba nada la foto mía que ponían en esa sección, pero nunca me dieron bola para cambiarla.
Correo de lectores
Chupate ese cubito
Como patagónica, santacruceña y orgullosa de serlo siento el deber de contestarle al sr. Osvaldo Bazán sobre su nota “Miradas” que salió en el N°285 de esta revista de fecha 26-12-03. Hablar del Glaciar Perito Moreno (así en mayúsculas) de la forma en que lo hizo es no conocerlo. Yo hace más de 30 años que lo conozco y lo visito, tengo ese privilegio y cada vez que veo caer un trozo de ese “montón de cubitos sucios”, como él dice, siento que me acerco a Dios y como a muchos, ¡¡¡Que son muchos!!!!, los turistas que llegan de todas partes del mundo para conocerlo, se me llenan los ojos de lágrimas de emoción, una emoción que sólo se explica al ver tanta belleza junta…Señor Bazán, si no lo conoce personalmente, no hable. Nosotros los patagónicos estamos muy orgullosos de nuestra tierra…Calafate es un cachito de paraíso…Hay una paz en ese lugar que uno no quisiera irse jamás de allí. Yo lo conocí con pocos habitantes, lo veo crecer años a año, con gente de todo el país que aprenidó a amarlo y hoy no se quiere ir más, que tienen trabajo, viven felices. ¡No puedo aceptar la críica de alguien que no me merece el mayor respeto! Pido perdón pr esto, pero después que leí su nota sentí la sensación de que traicionaba a mi Patagoniza si no contestaba. En cuanto a lo que dice del Sr Presidente y su Sra., sin comentarios, yo lo voté par gobernador y lo voté para presidente. No me arrepiento, es un presidente de mi tierra, está haciendo las cosas bien, somos pingüinos somos de la tierra del viento y del frío y muy agradecidos de aquellos que nos visitan. De ellos puedo aceptar una crítica o un elogio, de este señor no. Sr. Bazán, venga conozca la octava maravilla del mundo y después hable, antes no.
Carmen g. de Sánchez.
DN! 11.694.059
Santa Cruz
N.Del E.: Según una encuesta realizada por Morgan y Araujo, el 99,9 de la redacción vota a Carmen. Este editor se abstiene y cede la palabra a bazán,q ue hoy sí, tiene el buzón lleno. “A la señora Carmen no le gusta que a un argentino no le guste el glaciar y lo anuncie en la prensa. a la señora Carmen no le merezco respeto porque no me gusta el glaciar y tengo la desfachatez de decirlo. La señora Carmen se siente cerca de Dios cuando ve caer los hilos. La señora Carmen piensa que nunca estuve alí, porque d ehaber estado, estaría arrodillado esperando que caigan los cubitos para ver a a Dios. Señora Carmen, no me interesa ver a Dios caer en forma de cubito. La señora Carmen me dice que si no lo conozco “personalmente” al glaciar no hable. Le poodría decirlo mismo a usted ocn respeto a Dios, pero soy ateo. Soy de la llanera y cada ve que veo una plantita de soja, es como si viese a la Virgen María. La señora Carmen se considera un pigüino (sic). Peor que el glaciar me caer el Perito Moreno, buen ñoqui como buen intelectual argentino de principios de sglo XX, otro que esquilmó al Estado y recibió sta fortunas comodonaciones de la provinciad e Buenos Aires, por sus viajes al sur. En lo personal, aunque no tenga nada que ver, me gustan muchísimo más Kirchner y Cristina que el glaciar. Qué le va’cer, señora. No me gusta. Prefiero el freezer que tengo en casa. Hay para todos. Dos cosas: 1) Lo de “venga”, ¿es una inviación por suc enta?¿Está todo pago? 2) Nunca estuve y hablo igual. Como sobre la revolución francesa. 


