Contratapa La reina del Perú 04/07/09
Ya se la ve triste a Alicia en las últimas entrevistas televisadas, se la ve desamparada, infinitamente desamparada. Es siempre Abencia quien lleva la voz cantante, quien explica lo que no quieren, lo que no saben, lo que no pueden explicar. Abencia arrasa pero no convence. Alicia, en cambio, inspira piedad.
La tragedia era inevitable y hoy parece increíble que nadie la haya previsto.
Parece obvio que el drama podía verse, como la etiqueta del precio al dorso del producto. Pero ahora, claro, ya es tarde.
Alicia Delgado es la Princesa del Folklore.
Abencia Meza es la Reina de las Parranditas.
Durante nueve años, Perú –el Perú más pobre, el de los suburbios, el indígena, el del interior, el de los bailes de jarra de
sangría– las consagró como reina, como princesa. Sus huaynos (esa música andina por excelencia que supo estirarse
hasta el rock por un lado, hasta la tecnocumbia por el otro, pero en cuyo centro exacto desparrama violencia contenida, frustración de siglos, alegría pese a todo y toda la resaca del dominado) son la música que enfervoriza a enormes masas de peruanos cada fin de semana, tanto en Perú como en varios países latinoamericanos,
Argentina incluida.
Pero Princesa y Reina ya no son lo que eran.
El jueves 25 de junio Alicia apareció muerta con tres cortes profundos en la espalda, otros dos en el cuello y señales
de que fue estrangulada. El Perú tembló.
Nada tardaron las cámaras en apuntar hacia Abencia.
Hacía nueve años que Abencia, separada, un hijo, y Alicia, separada, un hijo, eran socias artísticas, amigas inseparables,convivían y enfrentaban los rumores de que en realidad eran pareja. Lo de enfrentaban es un eufemismo. Abencia, aguerrida, retacona, pelo corto, peleadora, nunca negó el amor innegable, lo obvio. Alicia se tapaba la boca, decía “¡ay, por Dios!” y decía “no, no, ¡a mí me gustan los hombres!”, pero declaraba su amor a Abencia y todo quedaba en nada, pero todos sabían que todos sabían lo que todos sabían. Durante años se mostraron juntas, arrumacos y escenas de celos eran comunes en las pantallas.
Si hasta aceptaron que un programa de la mañana le diera clases de modelaje a Abencia, para darle la “feminidad” que,
decían, le faltaba. Si hasta mostraron orgullosas la casa que compartían, las camionetas 4×4, la enorme cama con el gigante oso de peluche. Todo productor de televisión peruana tenía los dos números de los celulares en su agenda. El de Alicia y el de Abencia. Brillaron en Enemigos íntimos, fueron blanco de sátira en Recargados de risa, pasaron por Sábados de risa y llegaron al cenit televisivo en las entrevistas que Jaime Bayly les hizo para su programa peruano El francotirador. El ninguneo al que los medios peruanos tenían acostumbrado a su sector más popular fue roto por
el morbo que significó que dos estrellas femeninas, de las que convocaban miles en cada uno de las docenas de bailes
que animaban por fin de semana, casi admitieran su relación de pareja. En los últimos tiempos, las peleas con cachetazos y arañazos incluidos, con muestra de moretones a cámara, fueron el zaguán por donde entraría la tragedia. Bayly estuvo casi procaz casi exigiéndole a la pareja que en vivo y frente a todo Perú aceptara que lo era. Fue también Bayly el que, después del asesinato, protagonizó una bizarra entrevista a Abencia, a quien le metió una cámara –literalmente– en su cama, a poco de haberse encontrado el cadáver de Alicia y con el médico al lado, pidiéndole que no la entreviste más porque estaba cercana al infarto. En esta nueva nota, Bayly pidió disculpas por su comportamiento anterior.
Apareció el cadáver de Alicia y desapareció
Pedro César Mamanchura, ex chofer de Alicia y Abencia, que ésta había echado hacía poco, acusado de chismoso y
ladrón. Cuando lo atrapan, Mamanchura hace la declaración más esperada: “Lo hice mandado por Abencia”. Abencia fue presa. Pero Mamanchura se desdijo. Abencia no pudo ir al velorio ni al entierro de Alicia, se lo prohibió Clarisa,
la hermana de Alicia, de quien se comenta tuvo también una relación sentimental con Abencia. Hay muchas dudas en el caso y en este fin de semana se espera que confirmen la prisión o le den la libertad a la Reina de las Parranditas.
Nadie, viendo los innumerables videos de Alicia en YouTube podría acertar con la edad de la cantante. Ni con l o s 50 declarados, ni con los 54 r e a l e s . Lo mismo ocurre con Abencia, ni los 32 declarados, ni los 37 reales.
Serán los vestidos floreados de Alicia, los joggings que Abencia usa casi como provocación. Serán esas voces tan distintas a las que suenan en los no sé cuántos principales (tampoco sé bien principales para quién ni por qué esos son principales, uno nunca los elige). Será esa música que nos cruje extraña, menor, lejos de los aulliditos pop de afinación instantánea que aparecen por default en cualquier radio. Será que nuestra sensibilidad no está preparada para asimilar esa música.
Sin embargo, lo que no puede percibirse en las canciones, podía anticiparse en las entrevistas televisadas. Ahí sí podía
entreverse el drama del que hoy habla todo Perú, sin lugar para otro tema, llegando a las primeras planas hasta de los
diarios más serios. Tanto, que es increíble que la noticia esté pasando tan inadvertida entre nosotros. Porque Alicia Delgado y Abencia Meza son ídolos populares e incluso han mostrado su arte en Buenos Aires. Sin embargo, ni en el momento en que se presentaron aquí ni ahora, convertidas en el gran caso mediático en Perú, los medios nacionales han creído necesario dedicar dos líneas al asunto.
Exceptuando algunas imágenes en Crónica TV, no sé de otro medio nacional que se haya ocupado del asunto. O al menos que se haya ocupado como correspondería si tuvieran en cuenta que un número cercano a los 300.000 peruanos viven en Argentina. ¿Es que esa gente no ve televisión? ¿Es que esa gente no es considerada público por los medios nacionales? ¿O no es considerada gente? ¿Son invisibles? ¿Por qué será que nos cuesta tanto aceptar que muchos peruanos viven entre nosotros, trabajan, sueñan, sufren, vinieron buscando algo que quizás acá tampoco se encuentre, pero nuestra Constitución les abre los brazos a todos los hombres del mundo que quieran habitar
suelo argentino? ¿Por qué será que les hacemos tan difícil el trabajo a los inmigrantes latinoamericanos? El conflicto
con el campo acentuó en grandes capas de la población el consabido discurso de los “abuelos inmigrantes” que vinieron a trabajar y hacer grande este país. Estamos de acuerdo. ¿Y los inmigrantes de ahora? ¿No vinieron también a trabajar y hacer grande este país? Mientras tanto, América TV anuncia uno de esos imposibles informes televisivos llenos de prejuicio e ignorancia: “La violencia desatada en el Abasto, la Little Lima”, y Mónica Gutiérrez pone cara de pánico mientras muestra cómo dos chicas borrachas se tiran de las mechas. ¿Eso es todo lo que
tenemos para decir de los inmigrantes peruanos?
La cultura, la vida y la gente de Latinoamérica prácticamente no aparecen en los medios argentinos. Será a causa de
una profunda tilinguería aspiracional, o de un larvado racismo, o de un desconocimiento supino. Eso no lo sé. Lo que sí sé es que hay aquí, en mi barrio, un montón de chicas tristes por el final del amor de la Reina del Folklore y la Princesa de las Parranditas
