Botineras. 27/11/09

Escrito por osvaldo el dia nov 27, 2009 en Critica de la Argentina, Notas Periodisticas |

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El intento por convertir en oro nocturno el barro de cada tarde  

Botineras

 

(Por Osvaldo Bazán)

El primer punto a favor de Botineras es que, a diferencia de gran parte de la teledramaturgia actual, sabe de qué quiere hablar. Esas chicas de glamour dudoso, de dicción arrabalera y de rápidos reflejos para conseguir beneficios económicos urgentes, utilizando las armas que sean necesarias, se instalaron en los últimos años en el imaginario nacional como las mejores representantes de la salvación personal. Sin ser necesariamente las más bellas, se ubicaron como el objeto de deseo de los otros que se salvaron, los jugadores de fútbol con posibilidades de llegar a Europa. De eso quiere hablar la novela: de cómo la carne, ese producto que la Argentina siempre supo vender vivo o muerto, hoy ocupa casi todo el espacio. Ya no hay novelas de amor. Ahora hay botineras, el país que supimos conseguir.

El programa se hace cargo de lo más bizarro de la tele vespertina, de esos intrincados amores y odios de tono berreta y léxico acotado que cada tarde se desparraman por la pantalla, llenando al país –o al menos, su costado más mediáticamente vulnerable– de intríngulis menores, con profusión de figuritas cercanas a los quirófanos plásticos y muchachos de barrio desaforados y testosterónicos. Tanto se hace cargo la novela de que ésta es la fauna que retrata, que en alegre montón aparecieron íconos locales como Marcelo Polino o Guillermo Cóppola. Queda claro: es esa historia la que están contando y la gracia de Esther Feldman y Alejandro Maci en el guión permite varios niveles de lectura, en una jugada difícil: hay quienes verán en la decadencia de la farándula argenta un dato que abre puertas insospechables. Otros simplemente –los más curtidos “intrusos” y “profesionales”– se divertirán con la mención a la ausente Amalia Granata. Todos sumarán rating. No está mal.

Hay una trama policial: Chiqui Flores (Nicolás Cabré, en un protagónico al que puede sacarle brillo) es un futbolista argentino que vuelve urgentemente de España porque se sospecha de su participación en el asesinato de otro jugador argentino. La policía entonces debe infiltrar en el ambiente del Chiqui a una agente, Laura Posse (Romina Gaetani), en una transformación inspirada en “Miss Simpatía”.

Hay un ámbito dislocado: una agencia de representación donde una “madama”, Giselle López (Florencia Peña en otra gran actuación), la reina de las botineras, explica a sus chicas cómo enganchar futbolistas.

Hay personajes (¡milagro!): Marga, gato prototípico a punto de casarse con el Chiqui, o un representante amigote de Guillote, a quien adora (Damián de Santo, en papel a medida), surgen en principio como los más prometedores.

No parece que haya estado en este primer capítulo toda la carne en el asador. Cierta indefinición sobre el tono general (comedia disparatada, registro social, diálogo chispeante, intriga policial) necesita de mucha disciplina para no caer en híbridos y se plantea como uno de los desafíos de Botineras, que recicla en ficción nocturna la tele bizarra de la tarde. La pregunta es: ¿se podrá hacer oro con el barro? Ésa parece ser la tarea.

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