Juan José Campanella. 07/02/10
Juan José Campanella está sentado en una sillita en un box del Canal Fox, en Los Ángeles. Lo tiene a Dr. House ahí esperando indicaciones, pero JJC se sienta frente a la computadora para contestar el pedido de entrevista vía e-mail de Crítica de la Argentina. Abran la puerta y vean la intimidad actual del único director de cine argentino con dos películas nominadas al Oscar.
–¿Dónde estabas cuando te enteraste de que la Academia nominó El secreto de sus ojos para mejor película en idioma extranjero?
–Estaba manejando hacia el set, y me enteré porque me llamaron del canal TN.
–¿Dormiste la noche previa?
–Poco, porque me tuve que levantar a las cuatro para ir a laburar. Por supuesto que tenía bastante angustia, pero el hecho de estar laburando en otra cosa que demandaba mucha atención me permitió realmente poder, no te digo olvidarme, pero sí no enfocar la tensión sobre ello.
–Había mucha expectativa y presión por la nominación. ¿Qué pasaba si no ocurría?
–Si bien tenía expectativa, nunca sentí ninguna presión de nadie a lo largo de todo este proceso. Y si no nos nominaban… hubiera seguido todo igual. Varias puertas que se abrieron en términos de distribución hubieran permanecido cerradas, y sin duda esto es muy importante para la película. Pero sería quejarse de lleno decir que la película no nos ha dado a todos una enorme cantidad de satisfacciones, muchas más de las soñadas.
–¿Quién fue la primera persona con la que hablaste?
–Después que hablé con TN, me comuniqué con Fernando Castets (N. de la R.: coguionista con Campanella de El mismo amor la misma lluvia, El hijo de la novia y Luna de Avellaneda, y su amigo de toda la vida), que estaba reunido con Axel Kuchevatsky, Muriel Cabeza y otra gente del equipo de la película. Estaban en una estación de servicio, porque se había cortado la luz en todas las casas en las que habían estado previamente. No pude hablar con mi mujer, porque ella está acá y eran las cinco y media de la mañana. Quería dejarla dormir a ella y a Fede.
–¿Qué estabas filmando ese día?
–Un capítulo de la serie House.
–¿Hubo celebración en el set?
–En la filmación hubo muchas felicitaciones. Acá no es que el Oscar sea el premio más importante del mundo. Acá es el único premio importante del mundo. Pero, como te contaba, la filmación era muy difícil para todos y en seguida entramos en modo “darle para adelante”.
–¿Qué diferencias tiene esta nominación con la anterior?
–Me cuesta medirlo, porque estoy fuera de todo lugar de evaluación. Te estoy escribiendo este e-mail sentado en una sillita adentro de un set de Fox. No siento la euforia que me cuentan que hay en Buenos Aires. Percibo por esos comentarios que parece más grande que con El hijo de la novia, pero desde mi perspectiva es mucho más tranquilo.
–Para vos, ¿qué diferencias hay? Esta nominación te agarra en una etapa diferente de tu carrera.
–Sí. En este momento me siento tranquilo y estable con mi trabajo. Siento que no necesito hacer otra película hasta que encuentre un proyecto que me gusta. Esta oportunidad me encuentra siendo padre, que es una diferencia abismal, mucho más grande de lo que siempre pensé. En esta oportunidad ya llevo diez años haciendo películas y proyectos que me apasionan, y eso me pone en un lugar de cierta serenidad.
–Sé que sos muy permeable a las críticas. ¿El hecho de ser el único director argentino con dos películas nominadas aplacará esas críticas? ¿Te importa?
–Aclaremos: soy permeable a las críticas injustas o que destilan agresividad. Es muy raro sentir que alguien a quien no conozco ni la cara ocupa tanto tiempo de su vida en odiarme y manifestarlo. No todas las críticas son así. Me molestan a nivel humano, no creativo, que alguien venga a ver una película mía ya sabiendo que la va a matar y a disgusto, y que lo exprese en voz alta. Lamentablemente, ese tipo de pelafustán existe y trabaja. Pero esa crítica puede molestar al principio de la carrera de una película, cuando uno no es más que un manojo de incertidumbres y está en una posición abierta, desnuda, frágil. Después de lo que pasó con El secreto…, los comentarios negativos divierten. Creo que no se van a aplacar, sino todo lo contrario, van a recrudecer, ya que al estar basadas generalmente en la envidia, esa motivación ahora se agiganta. Y no te digo que me saca el sueño, ni me impide seguir marchando, pero a nadie le gusta que haya desconocidos que le deseen el fracaso.
–Se armó acá un sentimiento argentino con la película, como si jugáramos un Mundial o algo así. ¿Qué les dirías a los fans que van a hinchar por la película?
–Que lo tomemos como deberíamos tomar el Mundial. Como un juego en el que a veces se gana y a veces se pierde. Que gocemos la alegría de ganar si sucede, pero que no pensemos que somos los peores si no ganamos. Y además, en este momento, ya no podemos hacer nada. Los partidos están jugados. Que tratemos de no basar nuestro orgullo como país en el triunfo de un partido o una peli. Porque es eso, es una peli.
–¿Tenés discurso preparado por si ganás, o vas pasar el papelón de los Premios Clarín?
–¡Vos siempre me pescás en todos los papelones! Sos el único periodista que remarcó mi ingenuidad etílica en los Martín Fierro de 2001. Gracias por la sinceridad. Creo que voy a preparar algo, pero no lo voy a escribir, por cábala. Así que podemos esperar otro papelón. (Se refiere a una nota aparecida cuando ganó el Martín Fierro por Culpables, donde constaba que se había retirado del salón haciendo ochos indecorosos por haber simplemente olido un corcho de una botella de vino. El periodista ansía otra performance del director en el momento de agradecer un premio, lo considera todo un paso de comedia).
–Vamos a la frivolidad: ¿quién te va a vestir para la ceremonia?
–Me di cuenta de que los cuerpos, a lo largo de los años, se acostumbran a la ropa que llevan y se rebelan cuando les meten otra cosa. Lo que decía el tango: “Te vende ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal”. Bueno, a mí las corbatas me quedan como un salamín que cuelga del cuello, como si tuvieran una pesa en la punta, ¡me tiran para abajo! Soy un verdadero desafío para los vestuaristas de gala. Además, no pienso gastar un dineral en comprarme un traje que seguramente no usaré más. La vestuarista de House prometió guiarme al equivalente de la Antigua Casa Martínez en Los Ángeles. Mi mujer, Cecilia Monti, que de eso vive y es muy buena, me aconsejará. Pero admitámoslo de entrada: soy una causa perdida.
–¿Sabías que la Presidenta reconoció que se siente “muy orgullosa como argentina” de que El secreto de sus ojos esté nominada? ¿Qué le dirías a Cristina?
–Que le agradezco muchísimo la elegancia de mencionarnos. Seguramente debe tener cosas más importantes con las que lidiar. Y de paso cañazo, aprovecharía para pedirle encarecidamente que de una vez por todas el Estado empiece a mostrar interés por el tema de la piratería. Es tanta la inacción en ese tema, que un mal pensado empezaría a sospechar que ya es complicidad.
–Finalmente, felicitaciones desde el diario que, sobre un total de 10 puntos, le puso 5 a El secreto de sus ojos.
La contestación del director, simpática y personal, será ahorrada a los lectores.
Qué canallada el final. Si el director no pudo contestar sobre una crítica que no ha sido ni ‘injusta’ ni que ‘destila agresividad’, no veo por qué es necesario poner el último comentario del entrevistador y privarnos de lo que el director puede haber contestado.
Si justamente Campanella descalifica ese otro tipo de crítica, ¿no sería valioso exponer cómo se defiende ante una crítica elaborada? ¿Es decir, cómo defiende su obra?
Val, no me parecía honesto no reconocer que Campanella estaba dando una nota, exclusiva, antes que a ningún otro medio, a un diario que fue el que más bajo calficó a su película. Como la contestación de Campanella fue sólo un elogio personal, no me pareció elegante escribirlo. Lamento si te resultó una canallada. No lo fue. Quizás también tengas razón.