Caetano.07/03/10

Escrito por osvaldo el dia mar 7, 2010 en Critica de la Argentina |

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MÚSICA/CRÍTICA/CAETANO VELOSO

Potencia conceptual y canciones bellas

Una nueva visita del gran cantante y compositor al Gran Rex resultó ser un concierto de antología, donde su nueva banda fue capaz de unir potencia y energía con un repertorio único y monumental. A los 68, Caetano está en un excelente momento.

Casi medio siglo de la historia contemporánea, cruzado por la globalización y la miseria, la alegría tercermundista, los sueños rotos, la industria cultural, la decadencia de los grandes conglomerados urbanos y las vanguardias estéticas, todo junto en poco más de dos horas sobre el escenario del Gran Rex.

Claro que tanta potencia conceptual no serviría de demasiado si no fuese porque estuvo asentada en veintitrés canciones tan bellas como contundentes.

Lo primero, para Caetano Veloso, sigue siendo la canción. Pero a, ante, bajo, cabe, con, etc., hay una sensibilidad fuera de lo común para entender al ser humano y su circunstancia presente. Algo que tiene un artista cuando es otra cosa que un músico. Y Caetano, por si había alguna duda, es otra cosa. Es un músico que es artista, que es hombre, que es músico, que es artista, que es hombre.

Tanto palabrerío suena más a elogio de fan que a análisis del primer show porteño en el que presentó Zii e zie, su último disco. Quizás no lo sea. Tanto.

Caetano Veloso tiene 68 años, y hace 43 que grabó su primer disco (Domingo, con Gal Costa), aunque hay canciones previas en discos simples. Desde aquel momento hasta ahora, su discografía consta de 42 (¡42!) álbumes entre grabaciones de estudio y recitales, sin contar participaciones especiales, colaboraciones o bandas de sonido.

Esa obra monumental tiene una línea: cada trabajo es distinto del anterior sin perder coherencia como conjunto. ¿Cómo lo hace? Bueno, debe haber algo de magia, seguro, pero suena evidente que hay un fuerte arraigo en la tradición antropofágica de la cultura brasileña: todo es comido con avidez, de Gardel a Nirvana, de Hendrix a Tom Jobim. Eso le permite sonar contemporáneo y clásico al mismo tiempo.

En 2004, después del deslucido Foreign sound, abandonó a su arreglador Jaques Morelenbaum –una sociedad cuyos picos fueron los discos Circulado ao vivo, Livro y Fina estampa– y se vino un salto al vacío: trío de rock con la dirección de Pedro Sá (el nombre detrás del nuevo Caetano) en guitarra, Ricardo Días Gomes en bajo y piano y Marcelo Callado en batería. La dirección se afianzó con Zii e zie y el concepto “transamba/transrock” (timbre de rock para armonías de samba).

El recital del viernes por la noche fue una síntesis de casi medio siglo de música, que no casualmente comenzó con un prehistórico y casi desconocido “A voz do morto”, que cantó en los primeros 70 con Os Mutantes.

Este show es claramente carioca, pero de un Río de Janeiro apartado de la postal. No porque se interne en suburbios desconocidos. Ahí están el Cristo Redentor, Ipanema, el Pan de Azúcar, Copacabana. No casualmente el único elemento escenográfico es un aladelta (de verdad), el dispositivo que permite desde la playa de San Conrado sobrevolar la ciudad que fue maravillosa. Las historias de Zii e zie son la confirmación de la descomposición social que sufrió ese Río de ensueño. Por eso fueron acompañadas en pantalla con imágenes en blanco y negro y sepia, mientras que las canciones antiguas, las de un pasado esperanzado, explotaban en un telón naranja y con luces flúo (sí, flúo). El contraste, sin embargo, no era pesimista. Pero el Río que era representado por el cuerpo terso y magnífico de “Menino do Río” (1987), uno de los bises, hoy se presenta a través del favelado que corre y muere sin saber por qué en “Perdeu” (2009) y “el sol se puso, después nació y no pasó nada”.

Las imágenes en la pantalla detrás de la banda y del aladelta, de los pies huyendo en blanco y negro, estremecían y justificaban la formación musical. Nada de percusión alegre, nada de cuerdas melodramáticas. Directa, la guitarra. Crudo, el sonido. Estridente cuando se necesita. Lamento de una voz que no puede escapar. “Sem cais”, “Tarado ni você” y la perturbadora “A base de Guantánamo” responden a esta lógica de ciudad/mundo en decadencia y caos.

Pero Caetano no desconoce que aún en la asfixia actual el tercero de los mundos ofrece resquicios de alegría, si bien teñidas por un contexto de miseria. Entonces “Lapa” y especialmente “A cor amarela” (o cómo la burguesa “Garota de Ipanema” se reconvierte en una “menina preta de bikini amarela”: hoy es esa chica marrón quien mira el mar) son la prueba de ese Río que ríe pese a todo. Y aparece entonces “Agua”, una de las canciones más optimistas de los últimos años. Se produce un intercambio generacional inédito. Su hijo Moreno cantó hace poco en Niceto “A cor amarela”. Y “Agua” es de la banda que su hijo tenía con Doménico y Kassin.

Así de actual está Caetano 2010. Pero queda claro que no es una virtud de ahora. Las versiones de “María Bethania” (1971) y “Nao identificado” (1969) no eran canciones con cuarenta años en el vertiginoso panorama pop mundial. Eran canciones para dentro de cuarenta años. Si la música popular 2010 volvió a 1970, Caetano tiene cómo decir que estuvo allá y está acá.

Otra joya del recital es “Eu sou neguinha” (1987), una versión electrizante en la que, nadie sabe cómo, se convierte delante de la vista del público en una negrita simpática. Porque un tema aparte es el manejo del cuerpo, marioneta de yoga, que puede correr y subir por las escaleras laterales del teatro mientras levanta la platea y les pide a sus músicos estirar la introducción de “Odeio” para disfrutar de un momento de comunión.

Milagro del camaleonismo, con Cê, una banda cuyos integrantes, si suman sus edades apenas sobrepasan la del líder, con un Pedro Sá inspiradísimo y dueño de la situación, Caetano es el más joven, el más viejo, el más moderno, el más. El más todo. Lo más. Queda una oportunidad el próximo sábado.

El momento a solas con su guitarra

Más allá de las diferentes bandas que presenta en cada disco, los fanáticos de Caetano esperan siempre un momento en el show en el que prescinde de sus músicos y acompañado simplemente con su guitarra desgrana algunos temas históricos. En esta oportunidad un solo tema ganó ese espacio. Se trató de “Aquel frevo axé”, canción grabada por Gal Costa en un disco de 1998 que pasó inadvertido al menos aquí. Otro momento interesante fue la versión, diríamos, la “deconstrucción” de “Volver”, el clásico de Gardel y Le Pera, con pronunciación canchera. Hay que ser audaz para reversionar en el 2010 un hito como ése, nada menos que en la avenida Corrientes. El público le agradeció, como los cinco bises que terminaron con “A luz de Tieta” y todo el teatro bailando.

Esta semana la banda se presentará en Asunción (mañana), en Montevideo (miércoles) y volverá al Gran Rex el sábado 13, fecha en que estaba prevista la presentación en Santiago de Chile, que se suspendió por motivos de público conocimiento.

 

 

 

Regalo

Para mí, el gran momento del show, Caetano haciendo su clásico Eu sou neguinha. A gozar.

1 Comentario

  • Angel dice:

    Buen artículo, me gustó aunque y no esta mal, se nota que sos fan pero bien lo vale ya que Caetano como siempre digo, Caetano es… Caetano, así nomás, aunque lo veo mas baladista y cotidiano que el otro con quien también compartió escenarios, hablo de Chico Buarque, me gustaría leer alguna vez algo escrito por vos sobre Chico. Un abrazo. Angel de Corrientes.

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