Cuando las palabras no alcanzan
Entonces Ricky vino a casa y yo ya había preparado una suficiente cantidad de sobrecitos de sacarina porque sabía que tomaba café con sacarina. Como no uso sacarina, la única que hay en casa es la que sustraigo sin culpas de los bares cuando tomo café por ahí. Trabajo en la radio, me levanto muy temprano así que preferí que los encuentros fueran a la tarde. Los viernes a la tarde, así me quedaba todo el fin de semana para pensar lo que habíamos charlado. Le preparé el café, le puse los sobrecitos de sacarina y empezamos a hablar. Horas hablamos. De todo, pero en especial de amor. Porque lo que estábamos trabajando era una historia de amor. Una historia de amor con ciertos toques autobiográficos. Ricky quiso saber todo sobre aquella aventura que dio como resultado …y un día Nico se fue. Y así fue la charla. Recordé cosas olvidadas, le mostré el facebook del personaje en el que está basado “Nico” (¿o se piensan que no lo sé?) y pusimos entonces la piedra fundamental de lo que íbamos a hacer. Comenzamos a leer juntos el libro y Ricky no me dejaba pasar palabra: “¿Cuando decís ‘berenjenas y sandías, lo decís de manera real o es una metáfora’?”, “¿De qué hablás cuando hablás de llorar?¿Llorar de verdad?”. Vi entonces que lo que había escrito hacía tanto tiempo ahora tenía una relectura. Que tenía que defender cada palabra. Y que algunas eran indefendibles, pero sentía que el encuentro era fructífero. Los encuentros continuaron viernes a viernes, a las 14. Puntual (casi siempre) Ricky se anunciaba por el portero eléctrico, pasaba urgente al baño y cuando salía yo ya tenía preparado el café, los sobrecitos de sacarina y el libro.

La taza en la que Ricky tomaba el café durante los encuentros de los días viernes, con sus sobrecitos de sacarina. Era claro, estábamos imaginando una comedia musical bastante gay.
En el segundo encuentro le mostré lo que había empezado a escribir. Eso que siempre había escuchado se estaba haciendo verdad: lo que funciona en el libro no siempre funciona en el escenario y viceversa. Para muchos es una verdad de perogrullo pero lo comprobé en carne propia: la palabra escrita y la palabra dicha tienen diferencias sustanciales. Para poder hacer la comedia tenía que olvidarme del libro, no era una transcripción, no podía contar todos esos personajes y tenía que recordar una frase de Pablo Gorlero (colega, amigo y el tipo que más sabe de musicales en Argentina) cuando escribió -y fue de enorme ayuda- “Cuando las palabras no son lo suficientemente fuertes para un personaje, se transforman en canción y, cuando ambas cosas no alcanzan, estalla la danza”. Eso era. Eso era lo que Ricky me decía cada viernes. Y sí, en esta historia muchas veces los personajes se quedan sin poder expresar todo lo que tienen para soltar porque, sencillamente, las palabras no alcanzan. Y entonces a cantar, y entonces a bailar. En el tercer encuentro con Ricky empezamos a encontrar el tono de lo que había que escribir. Ya sin miedo eliminé personajes del libro, inventé otros y empecé a pensar qué situaciones sí definían la historia. Cuando tuve esas situaciones claras en la cabeza supe dónde “Osvaldo” iba a tener que cantar porque las palabras no le alcanzaban. Y Ricky estuvo de acuerdo. El libro de la comedia entonces, ya estaba encaminado.
Muy bueno se ve que va todo. para cuando mas informacion y elenco? y mas para ver en tv..? AbraZOO
Que gran alegria que este proyecto este en marcha!!!! Es la historia mas tierna y romantica que lei en mi vida y la comedia musical le va a pegar perfecto a semejante obra!!! Un abrazo
Ahh y en lo que necesites para el proyecto, con muchisimo gusto ayudaria!!!! Por algo soy fanatico de tu libro!!!! Mucha merd!!!!
Te sigo desde todas las redes sociales, me encanta la idea. Te conocí en la feria del libro de Cipolletti (Río Negro). La historia de “Y un día Nico se fue”, es maravillosa.
Hace ya un tiempo lo de la feria de Cipolletti! Gracias.
¿Fanático? Gracias!
Ya vas a ir recibiendo información, tranquilo, tranquilo. Saludos.