Contratapa. El museo de la milanesa 15/01/10
Imaginen la delicia de la toma final: la milanga ya en el plato, las hojitas de lechuga, el tramontina afilado, las papas fritas crocantes mejor a la provenzal para mí y un toque de mayonesa. O dos. Y el triunfal huevo frito con borde dorado, como heráldica de pueblos fuertes, blasón del hígado que se la banca. Por no hablar de ese mapa comestible de Italia, Milán y Nápoles en un equipo imbatible: una milanesa a la napolitana. ¡La puta que vale la pena estar vivo!
Contratapa. Mi mamá anduvo cortando la ruta 02/06/08
Ella era poco más que una nena rubia y él poco más que un adolescente morocho cuando se enamoraron y se prometieron una vida mejor. Ninguno de los dos pudo terminar la escuela primaria: se impuso el trabajo en el campo. En las mañanas con escarcha arrastraban entre las piernas la maleta –una especie de enorme tubo hecho con arpillera y cuero– que iban llenando con las mazorcas del maíz, antes de que existieran las cosechadoras.